Directores de tesis: una relación complicada

Fuente: Pixabay

por Eneko Arrondo para Ciencia con Futuro

El embudo atascado del sistema científico español – en realidad en el resto del mundo la situación es parecida– ya quedó bien retratado  en un post anterior. Dicho artículo, que deberían regalar con el título de máster, explicaba con detalle que el futuro de quien entra en ciencia es, cuanto menos, incierto. De ahí la importancia de que el doctorado sea una etapa enriquecedora que deje “un buen sabor de boca” en quien lo cursa. Porque ya que quizás acabas ejerciendo tu profesión fuera de la academia o terminas siendo el frutero de tu pueblo (algo muy honrado, por cierto), al menos que tu paso por la ciencia haya servido como etapa de crecimiento profesional y personal. Sin embargo, como ocurre con casi todo en ciencia, la realidad suele ser más lúgubre.

El año pasado se publicaba un artículo que alertaba sobre la alta incidencia de enfermedades mentales en estudiantes de postgrado. Ese estudio revelaba  una tasa de ansiedad y depresión moderada o severa entre los doctorandos aproximadamente 30 veces superior a la de la población general (me pregunto qué habría pasado si incluyesen a los post-doctorales no estabilizados). Estos datos están en la línea de estudios previos que estimaban que un 32% de los investigadores pre-doctorales están en riesgo de padecer enfermedades mentales y que esta sobreexposición está relacionada con tendencias suicidas.

Puede que algún investigador de la vieja escuela lea esto y diga algo como “Os quejáis de vicio, en mi tiempo no teníamos ni becas” que suena como si un viejo minero con silicosis entre tosido y tosido dijese “Ahora no tenéis de qué quejaros, en mis tiempos bajábamos al pozo sin mascarilla”. Este tipo de comentarios alimentan la cultura de aceptación en torno a las enfermedades mentales en el mundo académico y, sumado al tabú que de por sí suponen este tipo de dolencias, consiguen que no se le dé la importancia debida a un problema creciente.

De entre todos los factores altamente estresantes  que ponen en peligro la salud mental del doctorando,  quizás  los más comunes son los derivados de una mala relación con el director de tesis. Esta relación teóricamente debería ser de mentor-pupilo, lo cual implica que la relación es bidireccional, y por tanto el mentor como el pupilo han de poner de su parte y esforzarse para lograr los objetivos comunes.  Sin embargo, el hecho de que una de las partes se juegue mucho más que la otra, da lugar a posibles situaciones de abuso cuyo relato no es el objeto de este post porque desgraciadamente todos conocemos casos. No en vano, los directores son la piedra angular de cualquier tesis. De ellos dependen cosas tan fundamentales como: la formación técnica y teórica del doctorando, la planificación realista con objetivos alcanzables, la creación de una red de contactos, la financiación necesaria para los objetivos propuestos y, en parte, el cumplimiento de los plazos. La gestión de estos elementos es lo que hace que una tesis tenga éxito o se convierta en un calvario. Por eso, quien honestamente desee dirigir una tesis debería empezar por replantearse su motivación para ello y evaluar de manera sincera si tiene la disponibilidad de tiempo y esfuerzo necesarios para tan importante labor.

Algunas de las caracteristicas de una buena relacion mentor-pupilo son obvias pero nunca está demás recordar cosas como que los investigadores son, ante todo, personas y que valores fundamentales como el respeto mutuo, la comunicación o la reciprocidad son indispensables. Por otro lado, ser mentor es una habilidad con la que no se nace  y quizás haya quien simplemente necesite entrenar y formarse para ello.  Y por supuesto, nadie está exento de que, puntualmente, un proyecto se complique y con él la tesis asociada.

Sin embargo, el verdadero problema radica en aquellos directores que acumulan tesis problemáticas, bien porque descuidan su labor como mentor, se extralimitan en sus funciones o porque ven al doctorando como mano de obra barata. Y, ¿quiénes son estas calamidades? En cada universidad y en cada centro de investigación, todo el mundo sabe perfectamente quién es un director nefasto. Pero, pese a que hay tímidas iniciativas privadas, para cualquier estudiante que decide hacer el doctorado, resulta muy complicado (por no decir imposible) conocer el bagaje como director de un investigador concreto. Datos como el número de doctorandos que abandonaron una tesis supervisada por el investigador o años por encima del contrato que se prolongan, deberían ser consultables en las webs de las universidades. No sólo eso, sino que los retrasos y abandonos deberían penalizar de alguna forma a los directores en aquellas convocatorias que incluyan contratos predoctorales (FPI o  FPU) de forma que se garantice que quien quiera dirigir una tesis, se esfuerce realmente en cumplir con su cometido. Si pese a todo ello todavía hay quien no cumple su papel como director de tesis, los centros de investigación y universidades deberían facilitar y fomentar soluciones como el cambio de director. Y es que actualmente, el cambio en la dirección de tesis es un proceso burocráticamente complejo, que crea rencillas entre investigadores y estigmatiza tanto al director como al doctorando y por tanto, acaba siendo descartado cuando una tesis va mal. Por último, es necesario implementar ciertas medidas de control, como por ejemplo la figura del tutor externo que, si bien hoy en día existe, está completamente relegada un mero papel burocrático.

Cada vez urge mas abordar esta cuestión porque tener un buen director facilita que la tesis llegue a buen puerto, mejora la productividad del grupo, aumenta las posibilidades de éxito en la carrera del doctorando, pero sobre todo, garantiza su salud mental.

5 pensamientos en “Directores de tesis: una relación complicada”

  1. Hola!
    Me parece muy acertado el enfoque del post, aunque añadiría algo más: es fundamental la existencia de un comité de tesis externo, que una vez al año como mínimo se reuna con el doctorando y su director y vean los avances de la tesis. Es la mejor manera de reconducir tesis descarriadas y directores de tesis demasiado ambiciosos. Este comité es muy frecuente en otros países, por ejemplo, en Francia, donde estuve de postdoc varios años.
    Saludos,
    Irene Mendoza

    1. Hola Irene

      Esos tribunales ya existen en varias universidades, como la de La Laguna y se hace lo que dices. El problema es el de siempre: el tribunal lo eliges tú y/o tu jefe y son coleguitas con lo q al final si no das una pq tu jefe pasa de ti, no te hace caso o dirige, te putea o lo q sea, la culpa es del doctorando no del jefe
      Pero es una estupenda iniciativa q se debería plantear para ver avances y replantear tesis en estadios iniciales y cuando aun hay margen de maniobra

      Víctor

  2. Los abandonos o retrasos no son siempre achacables al director de tesis. Muchos de nosotros le ponemos todo nuestro entusiasmo, ganas y sapiencia pero si el doctorando no trabaja en la tesis, no se implica en la investigación y tiene otros intereses pues nunca se va a terminar. Yo siempre le he dicho a mis alumnos de licenciatura que cuando elijan un director de tesis que no se fijen tanto en el nombre y sí en la relación que tienen con esa persona. Que haya química, tanta o más como con una pareja! al fin y al cabo, como dices, se va a estar juntos muchas horas muchos años!!

    1. En el articulo ya inteto reflejar que no siempre es culpa del director. Obvio. Pero cuando la situación se repite, el minimo comun denominador es el director. Si tienes un abandono por cuestiones ajenas a ti, tu tasa de abandono sera baja y de cara a una evaluación no te penalizaría, pero si es alta, entonces es cuando habría que hacer algo.

  3. Me encantó leer este post porque realmente pone en evidencia un problema que, por desgracia, es más común en el mundo académico de lo que a simple vista parece. Todos los que hemos pasado por el desarrollo de una tesis doctoral sabemos que es una época dificil y que el apoyo incondicional, no sólo anímico sino también intelectual, de un buen director es garantía de éxito. Ojalá las medidas que propones fuesen consideradas para que la salud mental de los que se inician en ciencia no derive en frustación y hartazgo.
    Rocío

Responder a Ana Hidalgo Cancelar respuesta