Otra vez a vueltas con la ANECA. No es la acreditación, es la Universidad.

A raíz de algunos artículos aparecidos en prensa recientemente, se ha avivado la discusión, ya en marcha desde hace algún tiempo, sobre la acreditación otorgada por la ANECA para las figuras de Profesor Titular y Catedrático de Universidad. Más concretamente, sobre la dificultad de obtención de esta acreditación por parte de investigadores con una alta experiencia investigadora de calidad, pero escasa experiencia docente nacional.

Muchos son los temas y artículos que han surgido al efecto, pero con frecuencia, y por desgracia, la discusión ha derivado, de manera más o menos directa, a una antigua confrontación entre primar la investigación o primar la docencia en la evaluación para acceder a la Universidad. En mi opinión, este es un ángulo estéril. Ambas, docencia e investigación son necesarias y tienen una gran importancia para el desempeño de la función universitaria. Y en los tiempos que corren, cada vez se hace más difícil aunar en una sola persona un investigador dedicado y un docente capaz. El enfoque debería ser distinto y no intentar establecer qué debe tener prioridad.

Ya en un post de ciencia con futuro anterior se describió el sistema de acreditación actual en España coordinado por la ANECA y se apuntaron algunos de los debates y discusiones principales. En ese mismo post ya se apuntaban 4 recomendaciones o criterios que debería contemplar la carrera investigadora y su acceso, que continúan siendo válidos en este contexto (criterios de acreditación claros y estables, máxima publicidad de concursos convocados en las universidades, eliminar la sobre-perfilación de plazas y adjudicación de puestos en base a principios de igualdad de oportunidades, mérito y capacidad). También en ese texto se apuntaba una posible solución en forma de un sistema que permita la coexistencia de personal universitario dedicado preferente a la investigación y personal dedicado preferentemente a la docencia. Nos congratula ver que algunas opiniones recientemente publicadas han apuntado en este sentido, de una forma u otra. 

Apunto aquí algunas consideraciones pertinentes en el debate recientemente surgido que merece la pena reflejar:

  • No es verdad que no exista una fórmula de acreditación en los sistemas universitarios de nuestro entorno. En varios de ellos (Francia y Alemania, por ejemplo) existe una acreditación o habilitación para el ejercicio docente universitario. La diferencia estriba en que este no es el único sistema para entrar en la Universidad como profesor o investigador, y las universidades suelen tener bastante independencia en la contratación de su personal.
  • El sistema español es radicalmente diferente en muchos aspectos al de otros países y por tanto las comparaciones son poco útiles, a no ser para reformarlo. Estas diferencias, casi siempre, han lastrado la modernización de nuestras universidades. Como ejemplo, en el caso que nos ocupa, nuestro sistema de acceso es único por acreditación y concurso-oposición público. El acceso a ser personal con pleno derecho de nuestras Universidades es funcionarial, con todo lo bueno y lo malo que esto implica en nuestro país. Existe un débil procedimiento para el rendimiento de cuentas y escasos incentivos al aprendizaje y la mejora.
  • El personal universitario tiene como labores encomendadas la Docencia, Investigación y Gestión en su ámbito. Estas labores recaen, todas, en cada uno de los profesores y profesoras universitarias. Esta es otra gran diferencia con respecto a otros sistemas. Como se ha comentado antes, no existe en teoría la posibilidad de reclutar investigadores que destaquen en su ámbito, si no acometen las otras tareas. Así como teóricamente no se puede incorporar a personal docente cualificado sin que realice investigación.
  • Dicho esto, el sistema de acceso ha estado clásicamente sesgado hacia la docencia. La realidad de nuestra ciencia hace que no existan en nuestras universidades investigadores sin dar clase, pero sí existen muchos docentes sin investigar. Además, el acceso, la promoción, el espacio, las materias docentes, etc. dependen largamente de la actividad docente y la posición que te otorga y suele ser el vicerrectorado de docencia en la universidad el que gestiona los recursos humanos (en forma de oferta de plazas).
  • El sistema de acceso a los puestos docentes en nuestras universidades es, por decirlo de alguna forma suave, poco transparente. La mayoría de las plazas no se convocan por necesidades de la universidad, sino por iniciativa de un candidato, cuando este acredita los méritos mínimos suficientes para el puesto (de aquí la importancia de la acreditación). No se entiende que el tribunal de una plaza sea nombrado por uno de los candidatos entre sus compañeros de universidad, como ocurre en la mayoría de los casos. Esto es debido a la falta de un sistema de promoción profesional interna, que obliga a usar un falso procedimiento de oposición para dar estabilidad  a la plantilla. Otro problema.
  • Fenómenos coyunturales, y su mala resolución, han creado multitud de problemas en nuestro sistema de I+D, entre ellos el que ha levantado la polémica. No se nos escapa que la oleada de investigadores con poca experiencia docente y con necesidad de acreditación por parte de la ANECA en nuestro país es en gran parte debida al cierre y ahogamiento del CSIC. En un sistema cada vez más estrangulado, la universidad se ha convertido en la única vía de estabilidad laboral. Y la única vía de entrada en ella, en muchos casos, es la docente. Algunas Universidades se han lanzado a la captación de investigadores descolgados del CSIC o en retorno, con el intento de reavivar su decadente plantilla investigadora. Por la razón indicada anteriormente, estas no pueden más que intentar la incorporación por la vía docente, para un personal que tiene otro destino e interés.

Por lo tanto, el sistema de acreditación, mientras sea único, debe medir las mínimas competencias investigadoras y docentes. Hay otros sistemas, pero uno en el que se establezcan unos mínimos uniformizados no tiene por que ser malo per sé. En acertar en evaluar bien esas competencias recae el reto de cualquier método. La aproximación numérica a la evaluación docente, contabilizando un número de horas de clase impartidas que no han sido supervisadas o evaluadas por nadie, no parece muy correcta, pero es la que poseemos en la actualidad. El nuevo sistema de criterios de la ANECA pretendía compatibilizar ambas facetas, investigación y docencia. Debería haber cabida para que un investigador de gran valía o un docente excepcional pudieran obtener la acreditación correspondiente tan solo por esos méritos. Y aquí recordamos que los méritos investigadores no se miden tampoco en exclusiva por el monto económico que el investigador es capaz de captar (ver la declaración DORA). 

Dicho esto, hay que recordar que el sistema universitario actual, tal como hemos visto, no está diseñado para un investigador no docente o un docente no investigador. Necesitamos por tanto cambiar las estructuras, no empujar por la vía falsa de la acreditación. Declaraciones recientes del actual ministro de Ciencia y Universidades en funciones anuncian la intención de dar cabida de inicio a perfiles investigadores puros dentro de la Universidad. Esperemos que los cambios prometidos se materialicen, pero resulta difícil ver el encaje de estos perfiles en nuestras universidades si no se acometen reformas estructurales de amplio calado que incluyan tanto el acceso como el desarrollo de la actividad dentro de la institución y que estos perfiles estén bien integrados con la labor docente universitaria. No resolvería nada dar la vuelta a la situación actual primando exclusivamente la investigación, como si de un péndulo se tratase, ni convendría tener dentro de las universidades 2 estructuras profesionales que no se hablasen entre ellas.

Urge por tanto una reforma del sistema universitario profunda y valiente que permita a la universidad adaptarse a los nuevos tiempos y afrontar los retos futuros. Algunas voces ya piden estas reformas. Esperemos que se puedan acometer con el debido sosiego, reflexión y estudio y no a golpe de parches. La universidad es hoy día el pilar fundamental de la investigación y la educación públicas en España, y de esas reformas depende que lo siga siendo.

Francisco Vega para Ciencia Con Futuro

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