La que se avecina en la Ciencia española

El nuevo programa marco HorizonEurope se acerca, ralentizado por el Bréxit y el retraso en el arranque de la nueva legislatura europea.

A finales del pasado mes de septiembre, la Comisión Europea (EC) montó un inmenso sarao en Bruselas: los European Research & Innovation Days (EU R&I Days). Los de CCF estuvimos allí porque queremos saber de primera mano lo que se va a cocer en Europa en los próximos años. La idea era que el evento sirviera de colofón al proceso de información pública que la propia EC ya había lanzado años antes con reuniones temáticas, encuestas por internet, mucho papeleo y horas de reuniones. En un post anterior de CCF ya comentábamos el contraste entre la planificación europea y el “tirar p’alante” patrio.

Los EU R&I Days incluyeron exposiciones (Science is wonderful!) y áreas para favorecer los contactos empresariales. Pero el evento clave era la Conferencia Política, que reunió a miles de interesados (políticos, gestores, directivos, rectores, investigadores, representantes de sociedades filantrópicas y asociaciones etc.) en un maratoniano programa de tres días para debatir la dirección de las políticas de financiación de la Ciencia para los próximos ocho años.

“La EC os escucha” fue la expresión más repetida por parte del Director General de Investigación e Innovación de la EC, Jean-Eric Paquet. Posiblemente sólo le superó el director del británico Wellcome Trust con su “Somos una organización europea: hemos abierto una oficina en Berlín”. También es probable que ambas afirmaciones sean verdades a medias. No debe ser fácil atender a todas las voces relevantes, y mucho menos acomodarlas. Pero en general dio la sensación de que el diseño general del programa estaba ya marcado y no se iba a mover.

¿Y cuál es ese diseño? Pues en palabras del ya en funciones Comisario Carlos Moedas, HorizonEurope no es una revolución sino una mera evolución de los anteriores programas-marco. Para los que no estén familiarizados, los programas-marco tienen tres pilares. Los investigadores con un ego bien cuidado reducen todo al pilar de “Ciencia Excelente” (ERC y MSCA básicamente) pero este pilar es el que menos financiación recibe (y de hecho la que tiene asignada queda congelada para el próximo programa). Los otros dos pilares  son el de “Desafíos Globales” y el de “Europa Innova”, que mueven, respectivamente, la investigación llamada “orientada” y la innovación cercana al desarrollo de producto. Es en estas áreas donde se articulan las novedades con las llamadas “misiones” (conjuntos de convocatorias en las que los proyectos se evaluarán no por su progreso interno sino por su contribución a alcanzar un objetivo medible pre-fijado por la EC) o el nuevo Consejo Europeo de Innovación (EIC, que pretende replicar el modelo de éxito del ERC para la investigación básica, en el desarrollo de nuevos productos). La EC no se cansa de repetir que la inversión en ciencia es necesaria, pero es imprescindible que el conocimiento se transforme en innovaciones que supongan un impacto beneficioso en la sociedad. No se piensa en impactos económicos exclusivamente, pero la EC está preocupada al ver que los investigadores europeos generamos conocimiento académico sin parar pero a la ciudadanía europea el “futuro” (en medicina, en los ámbitos digitales etc.) le llega desde fuera. La famosa frase  “¡Qué inventen ellos!” no le cuadra a la EC, puesto que, sin falta de razón, argumenta que a la larga esta estrategia nos saldría más cara y nos dejaría indefensos a expensas de intereses ajenos a la UE, desde donde tendríamos que importar las nuevas técnicas e innovaciones. . 

Y para lograrlo, la EC no se va a estar de brazos cruzados. La propuesta de presupuesto supera los 100 mil millones de euros (¡sin contar con el Reino Unido!) solo para este programa. Pero además, la EC quiere recabar fondos del sector privado mediante colaboraciones público-privadas en los ámbitos de interés, tal y como ya ha venido pasando en los últimos años. Más aún, HorizonEurope  quiere que las organizaciones filantrópicas participen en la financiación mediante esquemas parecidos. De ahí que la presencia en Bruselas de los máximos dirigentes del Wellcome Trust o de la Fundació “laCaixa” fuera tan relevante. Todo ello sin dejar de mirar de reojo a los planes de I+D+i de los estados nacionales, a los que se apelaba continuamente a “alinearse” con HorizonEurope.

¿Qué supone este nuevo diseño para nuestro Sistema de Ciencia e Innovación? Para los profesionales que trabajan en la I+D+i más cercana al producto final llegan tiempos convulsos. El Instrumento PYME que ha deparado a nuestras empresas una gran fuente de financiación desaparece como tal y queda englobado en las acciones del nuevo EIC. Las repercusiones de esto son la mayor incógnita de HorizonEurope y, sin duda, supondrán un desafío a nuestro sector innovador.

Los investigadores españoles tradicionalmente han tenido una buena participación en los proyectos europeos. En Horizon2020 estamos equilibrados en términos de lo que el estado aportó al presupuesto y lo que recibimos en proyectos aprobados. Tradicionalmente nos postulamos bien a la Ciencia Excelente (becas Marie Curie y proyectos del ERC) pero hay mucha reticencia a la hora de implicarnos en los grandes consorcios que se postulan a las convocatorias de proyectos de los actuales retos sociales. Es cierto que esos son precisamente los proyectos más alejados de la idea patria de la investigación: ¡No se valoran los currículos! En un país en el que la presión hace a los investigadores obsesionarse por cuestiones inanes como el factor de impacto de la revista en la que se publican sus resultados resulta muy complicado el plantearse el ser evaluados exclusivamente por el valor y la estructuración de sus ideas asusta. Ni qué decir tiene que además, la falta de estructura administrativa en la mayoría de los organismo públicos de investigación merma mucho la capacidad e aquellos que sí estarían interesados. Unos centros bien dotados podrían dar mucho más apoyo a la participación de sus investigadores, empezando por una adecuada publicitación de las temáticas de interés (que se empiezan a conocer con cierto detalle al menos un año antes de la apertura de convocatorias). Concurren también otros factores importantes como la falta de masa crítica del grupo de investigación típico en nuestro país (un único investigador principal con contrato estable sobre el que gravitan no más de tres o cuatro personas entre postdocs, técnicos y doctorandos), la falta de dominio fluido del inglés en muchos campos (como la medicina o las ciencias sociales) o la ausencia de buenas redes de colaboradores internacionales.

Pero, tal y como hemos comentado, la “Ciencia Excelente” va a ver congelado su presupuesto. El futuro está en los proyectos para atender los Desafíos Globales, y en las aún más restrictivas Misiones, y ahí es dónde deberíamos abordar una campaña de “reeducación” de los investigadores nacionales. Para los próximos años vamos a necesitar una nueva generación de científicos que entiendan mejor su papel en la sociedad. Que incluso abordando investigación básica (que ni se pretende en el programa, ni se debe, dejar de favorecer), se tengan en cuenta las posibilidades de desarrollo de sus resultados en función de las necesidades sociales. En suma, que tengan más empatía y más imaginación que la demostrada hasta ahora. Somos conscientes de que esto es algo fácil de decir, pero no tan fácil de implementar, y que habría que analizar cada caso y disciplina con sus particularidades. 

¿Cómo lo hacemos? Necesitamos sopesar el valor real de los sistemas de evaluación basados en indicadores vacíos o sesgados, como los índices de impacto de  las publicaciones. Hace falta que los evaluadores se lean las publicaciones y los proyectos y valoren si se ha realizado el trabajo que se financió en su día o cúal a ha sido la deriva real de la investigación . Hacen falta proyectos nacionales más largos (tres años ahora mismo no sirven para casi nada en muchas áreas) y fomentar la investigación cooperativa y multidisciplinar a nivel nacional. Porque un investigador que va de tres en tres años (sin seguridad de la financiación de la que dispondrá), trabajando solo con sus predocs, difícilmente saldrá airoso de una convocatoria que le requiera sumar fuerzas con investigadores extranjeros de disciplinas ajenas a la suya. Y cuando hablamos de multidisciplinariedad lo decimos en serio. Pero sin permitir que esto sirva de excusa para justificar el impedir acceder a financiación a aquellos grupos jóvenes que intentan despuntar sin ser absorbidos por otros más grandes de su misma área de conocimiento, perpetuando un statu quo de “élites” y yendo en contra de la diversidad y la innovación. En este sentido se responde la crítica que habitualmente recibe la EC porque no haya un programa específico de ciencias sociales y humanidades (CSH) en los programas-marco. Y no lo hay porque la EC considera, y exige, que las CSH deben figurar en TODOS los proyectos ya sean estos en salud, en astronomía, ecología, seguridad o desarrollos digitales. 

Hasta ahora las Estrategias Españolas de Ciencia y Tecnología han carecido de verdadero impulso para estos aspectos. Aunque hayan abandonado la distribución del presupuesto por áreas de conocimiento en el llamado Plan Nacional, el Fondo de Investigaciones Sanitarias sigue funcionando básicamente por su cuenta y hay muy poco incentivo para la cooperación entre grupos de centros distintos o para que un organismo (fuera de las universidades) incorpore grupos con un foco distinto a su core pero con potencial para generar importantes sinergias (informáticos en centros de investigación sanitaria, sociólogos junto a informáticos, economistas y ecólogos etc.). A la ciencia española se le avecina una necesidad urgente de reformas, ¿quiénes y cómo serán capaces de llevarlas a cabo? Algunos pasos se están dando para la adaptación al entorno europeo. Por ejemplo, el CSIC se está reorganizando en áreas que permitan ajustarse mejor a las misiones que se proponen en el Programa HorizonEurope  y tanto esta institución como muchas universidades están poniendo en marcha planes de recursos humanos en el marco de la estrategia HSR4R. Pero,  ¿se tendrán en cuenta las opiniones de los propios trabajadores del sector, a través de sus organizaciones? ¿O quedará todo bloqueado en juegos de poder funcionariales? Como indica la maldición oriental, se acercan “tiempos interesantes”.

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