La carrera científica en España: un embudo atascado

Por Francisco Rodríguez Sánchez @frod_san

La revista Nature publicó recientemente un editorial avisando del creciente desfase entre el número de nuevos doctores y el número de nuevas plazas o contratos en la academia (universidades y centros de investigación). En efecto, la probabilidad de que un doctorando acabe trabajando como científico o profesor universitario es similar -en países como Reino Unido- a la que tienen los chavales apasionados del fútbol de convertirse en jugadores profesionales de élite. Sin embargo -avisa el editorial- esta realidad estadística es ignorada por muchos (doctorandos, postdocs e investigadores consolidados) que frecuentemente planifican su carrera como si todos fuesen a acabar trabajando en la academia.

 

En España, esta probabilidad de estabilizarse como científico o profesor universitario debe de ser aún más baja que en países con mucha mayor inversión en investigación. Años y años de feroces recortes en los presupuestos y la ejecución de la financiación de la i+D+i han dejado a miles de científicos en la estacada: en el paro, cambiando de residencia cada 1-2 años persiguiendo contratos temporales, emigrados fuera de España o reconvertidos a otras profesiones. Aunque casi todos son conscientes de que la situación es grave, muchos ignoran aún la crudeza de las estadísticas.

 

En la figura de abajo queda patente que, mientras que el número de nuevos doctores no ha parado de crecer en España en los últimos años -con bastante más de 10.000 nuevas tesis doctorales al año- la oferta de contratos postdoctorales (Juan de la Cierva y Ramón y Cajal) del antiguo Ministerio de Economía y Competitividad (ahora Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades) se mantiene en cifras totalmente insuficientes al menos desde 2012.

Número de tesis leídas al año en España, y contratos postdoctorales (Juan de la Cierva -Formación e Incorporación- y Ramón y Cajal) ofertados por el Ministerio competente entre 2004 y 2017. Fuentes de los datos: Instituto Nacional de Estadística, Boletín Oficial del Estado, e informes de estadística de tesis doctorales (https://www.mecd.gob.es/servicios-al-ciudadano-mecd/estadisticas/educacion/universitaria/estadisticas/tesis-doctorales.html). Nótese la escala logarítmica del eje vertical.

 

Por ejemplo, en el programa Ramón y Cajal (contratos de 5 años para doctores con amplia experiencia investigadora) sólo se ofertan anualmente 175 plazas ¡para todas las áreas de ciencias y humanidades! Muy lejos quedan ya los 300 contratos que se ofertaban en 2004, o los 250 de 2010. La escasa inversión y el reducido número de contratos llevan a tasas de éxito terriblemente bajas para estas convocatorias; muy inferiores a las de convocatorias similares en países de nuestro entorno. Por ejemplo, el porcentaje de éxito de la convocatoria Ramón y Cajal en el área de Biología Vegetal, Animal y Ecología ronda el 7%, casi la mitad que en los muy prestigiosos, competitivos y bien pagados contratos Marie Sklodowska-Curie o Starting Grants de la Unión Europea. Sólo hay que ojear la lista de candidatos que quedan en reserva en las convocatorias Juan de la Cierva o Ramón y Cajal para darse cuenta de la cantidad abrumadora de jóvenes científicos que, a pesar de haber desarrollado una carrera excelente y con elevado potencial de futuro, quedan fuera del sistema repetidamente año tras año. Dada la escasez extrema de recursos, el nivel de competitividad ha alcanzado tales cotas que, con el mismo curriculum investigador con el que uno puede conseguir una plaza de ‘Assistant Professor’ (tenure-track) en las mejores universidades norteamericanas, difícilmente podrá obtener una postdoc Juan de la Cierva o Ramón y Cajal en España.

 

Con estos números puede estimarse que más del 95% de los nuevos doctores (esto es, casi todos) deberá buscar rutas alternativas a la ruta Doctorado – Juan de la Cierva – Ramón y Cajal ofertada por nuestro Ministerio de Ciencia. El problema es que, al menos dentro de España, no hay muchas alternativas. Los contratos de Ayudante Doctor son una de las principales vías de entrada en la universidad, pero estos también se vieron muy mermados con la crisis, y no están exentos de problemas. El CSIC intenta recuperarse de la crisis pero sigue convocando un número de plazas totalmente insuficiente (ni siquiera para estabilizar a sus propios Ramón y Cajal). Y la investigación en entidades privadas o fuera de la academia sigue estando muy por detrás de otros países. Los contratos Torres Quevedo, la apuesta del gobierno para incentivar la incorporación de doctores fuera de la academia, siguen en números muy bajos tras el batacazo durante la crisis.

Número de nuevos contratos de Ayudante Doctor en universidades públicas españolas, plazas de Científico Titular en el CSIC, y contratos Torre Quevedo para la incorporación de doctores fuera de la academia. Fuentes de los datos: Estadísticas de Personal de las Universidades (Ministerio de Educación, Cultura y Deporte), CSIC y BOE. A falta de estadísticas oficiales sobre el número de contratos Ayudante Doctor convocados cada año en España, la gráfica muestra el incremento neto anual en el número de profesores Ayudante Doctor en universidades públicas. Los valores representados en la gráfica pueden por tanto infraestimar el número real de plazas convocadas, dado que algunos profesores Ayudante Doctor pueden abandonar esa categoría cada año.

 

La Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT) publica periódicamente un mapa de la carrera científica en España, que recoge todas las convocatorias de ayudas para realizar el doctorado, postdoc, etc. hasta establecerse como investigador consolidado en universidades y organismos públicos de investigación de nuestro país (véase también esta guía para convocatorias internacionales). Dada la dispersión de convocatorias entre comunidades autónomas y entidades, este documento es de enorme utilidad. Sin embargo, la aparente profusión de convocatorias oculta la escasa financiación y oferta de plazas, la irregularidad de las convocatorias y, de nuevo, la bajísima tasa de éxito en casi todas ellas.

 

Por ejemplo, la última convocatoria (¡en 2015!) de proyectos para jóvenes ‘sin vinculación o con vinculación temporal’ (JIN) tuvo una tasa de éxito del 8%: 110 proyectos concedidos de entre más de 1300 solicitudes. En otras palabras, más de 1.000 jóvenes científicos que, ese año, tras el esfuerzo de preparar una solicitud formal de proyecto, probablemente fueron al paro, emigraron o abandonaron la carrera científica. Otro ejemplo: las becas Leonardo que la Fundación BBVA convoca cada año -loablemente, junto con otras fundaciones– para apoyar a jóvenes científicos y creadores tienen tasas de éxitodel 2-4%. Y así…

 

En definitiva, las oportunidades para que los jóvenes (y no tan jóvenes) doctores continúen su carrera investigadora en España son tan escasas que se ha formado un ‘tapón’ abrumador, con miles de científicos con excelente formación, currículos, ideas y capacidades que, sin embargo, no encuentran apoyo alguno en el sistema estatal de i+D. De ahí el referirse a la carrera científica en España como un ‘embudo atascado’. Y la mala situación de la ciencia no es sólo un problema para los científicos, sino para el conjunto del país. Un país sin ciencia siempre será pobre.

 

Es frecuente oír que la carrera científica es una carrera de fondo, que se trata de aguantar y al final se acabará consiguiendo un contrato permanente en la universidad o el CSIC. Algo de cierto hay en esa afirmación, y muchos siguen el consejo encadenando contratos precarios con períodos en el paro, o mudando frecuentemente su residencia en busca de trabajo, esperando que lleguen tiempos mejores. Pero las historias de aquéllos que finalmente lo consiguen esconden muchísimas otras historias de los que abandonan antes el camino, ya sea por voluntad propia o expulsados del sistema por la falta de oportunidades.

En las interpretaciones de la realidad son muy frecuentes los denominados ‘sesgos de supervivencia’. Imagen: https://xkcd.com/1827/

 

Y mirando al futuro, ¿qué podríamos hacer para intentar mejorar la situación? Dejo las propuestas concretas para los expertos en política científica, pero se me ocurren dos sugerencias generales:

  1. Es urgente aumentar la inversión en i+D. La escasísima oferta de plazas y contratos no sólo lleva a la frustración personal de muchos jóvenes científicos, sino que al final convierte el conjunto del sistema en altamente ineficiente. Los porcentajes de éxito son tan bajos que se desperdicia mucho esfuerzo y dinero durante el camino. Y también deben abrirse perfiles científicos alternativos al de investigador principal o jefe/a de grupo: por ejemplo, lo que en otros países llaman ‘staff scientists’, con notable éxito en muchos centros de investigación.
  2. También es necesario informar a los doctorandos y postdocs de la realidad del sistema, y prepararlos para un desarrollo profesional posiblemente fuera de la academia. Incluso si se duplicase o triplicase el presupuesto para i+D, muchos aún no conseguirán un contrato postdoctoral ni podrán alcanzar una plaza de profesor en la universidad o en un OPI. Los doctorandos deben ser conscientes de las bajas probabilidades y, con esta información, decidir si quieren seguir avanzando en la carrera académica o fuera de ella. En definitiva, formarse su propia hoja de ruta consecuentemente.

 

Muchos opinan que la solución no es restringir la formación de nuevos doctores. Al fin y al cabo, es bueno para la sociedad que haya personas con el bagaje y las capacidades que otorga el doctorado trabajando en muchas otras profesiones más allá de la investigación científica o la docencia universitaria. Pero sí debemos aceptar la realidad de que la inmensa mayoría de doctores acabará trabajando fuera de la academia, que ello no debe interpretarse como un fracaso personal, y preparar en todo caso a los nuevos doctores para que puedan elegir conscientemente su camino, aprovechando lo mejor posible todo su potencial.

 

 

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