Científica y mujer: el sueño se convierte en pesadilla

Por Ainhoa Magrach, Postdoc BC3

Cuando te piden que escribas un post sobre la situación de la ciencia en España piensas: “voy a recabar los últimos datos sobre inversión en I+D, contratación de doctores, etc.”. Pero que España está a la cola en inversión científica es algo que cualquiera con acceso a un periódico, Twitter o diferentes blogs sabe de sobra. Yo no puedo aportar nada más gráfico que las escalofriantes cifras de cómo el sistema investigador español se ha ido desmoronando en los últimos años. Lo único que puedo hacer es contar mi experiencia personal.

Como muchos investigadores de este país yo empecé un doctorado porque tenía verdadera vocación científica y el sueño de algún día poder vivir de algo que me parecía apasionante. A pesar de la absoluta falta de referentes femeninos en los campos de la conservación de la naturaleza y de la ecología, yo encontré los míos en Jane Goodall y Diane Fossey. Devoraba los ejemplares de National Geographic y soñaba con poder adentrarme en alguna selva remota algún día. Y efectivamente ese día llegó. Durante un tiempo tuve la oportunidad de visitar y trabajar en bosques de ensueño en la Patagonia Chilena, en la mata Atlántica brasileña y en las amenazadas selvas de Borneo. Como muchos de mis compañeros, tras acabar mi tesis hice las maletas y comencé mi periplo por algunos de los mejores laboratorios del mundo, trabajando codo con codo con grandes mentores. Vivía un verdadero sueño ¿o un espejismo? Me pagaban por responder a preguntas sobre el mundo natural y mis conclusiones se publicaban en buenas revistas. Tras cuatro años de estancias en el extranjero, y a pesar de recibir buenas ofertas para quedarme en algunas universidades, decidí volver a España con un contrato Juan de la Cierva. Puede que pecara de inocente, de falta de humildad o de ambas, pero en ese momento pensé: “he trabajado duro, he publicado bien, creo que ahora ha llegado mi turno y podré establecerme en mi casa y por fin formar mi propio grupo de investigación y una familia”.

Craso error.

A mi llegada en 2015 la situación en España era aún más dantesca de lo que había imaginado, y la posibilidades de establecerme y comenzar por fin mi propio grupo de investigación se fueron esfumando cada día. Así como las de poder formar una familia. Porque no nos olvidemos de que detrás de todas esas cifras con las que me identifico con un número más, hay personas que son hijas, parejas o madres de alguien. Durante mis primeros meses de vuelta lo que me quedó claro de conversaciones con investigadoras establecidas era: “no tengas hijos antes de conseguir un puesto fijo”, que es lo que habían hecho la mayoría de ellas. Claro, esto puede que funcionara en los años 80 y 90 cuando la edad para establecerse estaba en torno a los 40 años, pero ¿y ahora que esa edad había subido hasta los 50? ¿Debería esperar hasta entonces? ¿Congelar mis óvulos esperando tiempos mejores? Una vez más, mi intrepidez o estupidez me llevó a hacer lo que creía que era lo correcto en ese momento y tuve a mi preciosa hija el año pasado.

La maternidad es algo maravilloso, pero tampoco voy a sorprender a nadie si digo que es algo duro, agotador y que muchos días se lleva todas tus fuerzas. Tampoco voy a sorprender si digo que hoy todavía estamos lejos de la corresponsabilidad familiar, no siempre por culpa de los padres, si no porque en algunos casos las madres decidimos que la lactancia materna es la opción con la que queremos alimentar a nuestros hijos. Así, una se encuentra de repente con un contrato precario que acaba dentro de 5 meses, sin perspectivas de contratos futuros, con una familia que ha confiado en tu capacidad de conseguir tu sueño de estabilizarte como científica y que con ese fin te ha seguido en tu periplo nómada por el mundo y ahora con una hija cuyo futuro no podía ser más incierto. Todo ello en el momento en que tu productividad debería estar al máximo pero no lo está porque tu atención ya no es exclusiva y porque no das abasto.

Algo que yo no sabía hasta que me convertí en madre trabajadora es que para conseguir lugar en una guardería que cumpla tus requisitos de cercanía, método etc. hay que reservar plaza con al menos 7 meses de antelación. Yo he reservado plaza para mi hija en una guardería a partir de septiembre, pero me quedo en el paro en agosto y no tengo ni idea de dónde estaré para el comienzo del siguiente año escolar. Me he presentado a convocatorias competitivas en España, pero debido a mi escaso éxito en convocatorias anteriores, también he solicitado trabajo (o debería decir asilo científico) en el extranjero, en lugares tan dispares como Australia o Suiza. A mis 35 años puede que me encuentre arrastrando de nuevo a mi marido y a mi hija a la otra punta del mundo para seguir intentando cumplir mi sueño, o puede que despierte del espejismo de que los españoles también podemos dedicarnos a nuestros sueños y opte por una carrera administrativa como ya ha hecho el presidente de la Federación de Jóvenes Investigadores/Precarios. Mi futuro, como el de tantos otros, es incierto.

Tras releer lo que he escrito, pienso que es increíblemente pesimista y no ideal para un blog de una asociación llamada “Ciencia Con Futuro”. Puede que lo que he escrito desmoralice aún más a investigadores más jóvenes que están comenzando su periplo.

Pero les diría que no me arrepiento ni un solo día de haber perseguido mis sueños; que las experiencias que he vivido en bosques remotos, pero también en soutos de castaño en Galicia, no las cambiaría por nada del mundo; y que si me voy del mundo científico, no me voy con las manos vacías: tengo conocimientos en estadística y diseño experimental y sé escribir artículos tanto técnicos como de divulgación en varios idiomas. Aunque no siempre con éxito, sé cómo solicitar financiación y lo más importante, sé pensar de manera independiente. Y eso es algo que ni los recortes ni el pesimismo podrán robarme.

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Si a ti también te preocupa la situación actual de la ciencia y quieres participar en Ciencia Con Futuro escríbenos a cienciaconfuturo@gmail.com, te estamos esperando!
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  1. Marta

    No me he podido sentir más identificada. Como madre reciente y con la casa a cuestas (familia) por todo el mundo, buscando trabajo fuera porque en tu ciudad y país natal no existe. Desde luego, hay que tener vocación.

  2. Selena Gimenez Ibañez

    Hola Ainhoa,
    Tu post no es negativo, es una realidad de muchas, y también muchos. Te deseo lo mejor y mucha suerte en las proximas convocatorias! Espero que puedas seguir adelante

  3. María Fuensanta

    Me ha gustado tu artículo relatas con claridad lo que sucede al despertar de un sueño:¡No es posible, no es real!. Así es, para todas las mujeres con inquietudes ha habido sueños que han chocado con la realidad, tener una familia y ser madres más buena profesional. En mi caso como logopeda en Educación, con alumnos con trastornos del lenguaje.
    Hoy, hay muchos profesionales bien formados en todos los ámbitos, pero no hay puestos de trabajo para todos. Se ha planificado mal, es asunto de presupuestos y de matemáticas.
    Acabo de cerrar la puerta del trabajo, jubilada, pero, me acompañan esposo e hijos. El valor está en lo que uno desea de verdad junto a la profesión para la que se formó. Enhorabuena y ten esperanza que encontrarás tu sitio.

  4. Mari Carmen

    Otra más aquí, des de Australia, donde arrastré a mi marido hace 5 años para realizar mi primer postdoc en Biología Marina… y ahora con una hija de 1 y un contrato que acaba en menos de un año… Parecía que tu artículo lo estab escribiendo yo, solo que yo aún no he dado el paso de intentar regresar a España… La situación está muy fea en general y para las mujeres científicas aún más… Pero tal y como tu dices, no me arrepiento ni un ápice del camino recorrido y siempre he pensado que seguiría luchando por mi sueño solo hasta el día en que dejase de hacerme feliz… Así que el dia en que deje de compensarme, a otra cosa mariposa, que para algo estamos tan bien formados en tantas cosas! Un saludo y ánimo! 😘

  5. Florentina

    Yo tambien me siento totalmente identificada contigo. Tengo 38 años y decidí realizar el doctorado no solo porque me encantaba la investigacion sino porque habia posibilidades de conseguir una plaza en la universidad, hasta renuncie a una plaza de interina en secundaria por seguir mi sueño. Tampoco me arrepiento de todas las experiencias vividas, solo que yo decidi no esperar a tener hijos hasta conseguir una plaza fija por lo que tu comentas. He tenido 3 y son maravillosos. Tengo una plaza de investigadora que está sujeta al FSE y no se hasta donde llegaremos, deme momento hasta 2020. El año pasado nos hicieron una evaluacion de los 6 años de contrato sin previo aviso y sin conocer los criterios de evaluacion. Ni siquiera me preguntaron si mi actividad investigadora se habia interrumpido por maternidad cuando tuve que preparar la evaluacion en el hospital y con una cesarea recien hecha. Finalmente pasé la evaluacion pero echaron a 3 compañeras. Y SI es muy dificil ser cientifica y madre. No estamos en las mismas condiciones de competir que los hombres sobre todo a nuestra edad. En 2020 si acaba el Programa tendre 40 años y mis tres hijos…¿Que sera de mi entonces? Dificil saberlo, tal vez tenga que empezar a prepararme otra vez la oposicion

  6. Amparo Callejón

    Me siento muy identificada con tu texto, así que no puedo más que darte las gracias por describir esa realidad personal que puede ajustarse muy bien a la experiencia de otras tantas mujeres, sino prácticamente todas. Con 33 años, después de haber invertido casi 10 en el mundo de la investigación, y con un precioso niño de 3 años que me llama mamá, estoy en el paro y sin expectativas de alcanzar algún día el que yo creía era mi sueño. Y lo digo en pasado porque han sido y son tantas las trabas que me he ido encontrando en el camino que ese sueño se ha desdibujado para empezar a ser una pesadilla machacona. Una mezcla de frustración, impotencia, y lo que es peor, inutilidad. Porque finalmente me han hecho creer que no sirvo para esto. Así que con tanto agotamiento, necesito recuperarme y volver a repensar mi vida. Lo paradójico es que si volviera a empezar de nuevo, efectivamente creo que volvería a hacer las mismas cosas. Pues sí, eso que llaman vocación. Un abrazo a todas y mucho ánimo.

  7. Carolina

    Gracias por este testimonio tan valioso Ainhoa. Cómo hacemos para que un dia como hoy (8M), o cualquier otro, se vea bien a las investigadoras de este país que estamos en paro, somos madres y tenemos un bagaje propio de sueños, capacidades, conocimientos y mil otras cosas con las que contribuir? Un abrazo.

  8. Gonzalo

    No es país para la ciencia y para científicas ni te digo. Las Curie fueron las Curie porque no se instalaron aquí. Ánimo, Ainhoa. Y BSS:-)

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