La March fo Science en España #ScienceMarchESP el 22 de abril

Estamos tanteando al personal científico y técnico para ver la posibilidad de organizar marchas en España con motivo de la #ScienceMarch internacional.

El día 22 de Abril es la March fo Science en todo el mundo y nos parece que España no puede dejar de ser una de sus protagonistas. Tiene todo el sentido que así sea porque tanto ataque a la Ciencia española bien merece una respuesta. La marcha se celebrará en multitud de ciudades por todo el mundo y nosotros no podemos quedarnos atrás.

Pero no podemos permitirnos un fracaso en las calles. Está en juego nuestra imagen ante el mundo. Os pedimos que deis Me Gusta a la página oficia de Facebook de #ScienceMarchESP https://www.facebook.com/sciencemarchesp/, y que compartáis este mensaje. A partir de este sondeo en redes decidiremos si salir a por todas y convocar una marcha histórica en nuestro país.

¡De ti depende!

8 de marzo: por la visibilización de las mujeres en la ciencia

En este 8 de marzo, desde Ciencia Con Futuro queremos poner nuestro granito de arena en reivindicar los derechos de las mujeres, y en especial de nuestras compañeras científicas. Muchas veces nos olvidamos de la presencia de las mujeres en la ciencia. Sin embargo, es uno de los sectores en los que la mujer tiene mayor dificultad para alcanzar los puestos más altos y en el que sus méritos menos se reconocen. Si preguntamos a cualquier ciudadano por el estereotipo de científico/a, la respuesta será un hombre blanco mayor y con bata blanca. A pesar de ello, la ciudadanía media difícilmente reconoce más allá de un puñado de científicos varones, y habitualmente, nadie sabría decirnos nombres de científicas, salvo Marie Sklodowska Curie (a la que además todos conocemos por el apellido de su marido). Además, a pocas de estas mujeres se las emplea como modelos de igualdad en la sociedad, a pesar de que son luchadoras de la igualdad, tal y como pudieron haber sido otras muchas en otros sectores y que han abierto camino.

A día de hoy siguen dádose situaciones extremadamente discrimatorias en el sector científico, como que en los últimos diez años solo cinco mujeres hayan recibido el Premio Nobel de Medicina, una el de Química y ninguna el de Física, por diecisiete, veintidós y veintitrés hombres. La discriminación alcanza el grado de indignación cuando las mujeres reciben inexplicables descalificaciones por representantes de la ciudadanía en el Europarlamento, como ocurrió recientemente.

Sin embargo se están empezando a dar pasos que invitan a pensar en que un cambio es posible. Películas como Figuras Ocultas, plataformas como Mujeres con Ciencia, y actos como los celebrados el 11 de febrero en el Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia, e incluso pequeñas acciones como este vídeo de Microsoft que os dejamos más abajo, contribuyen a la visibilización de la gran cantidad de modelos de mujeres que se han dedicado a la ciencia, pero que permanecen ocultas en páginas perdidas de la historia.

Mujeres como Vera Rubin, Ada Lovelace, Barbara McClintock, Irène Joliot-Curie, Margarita Salas, Rita Levi-Montalcini, Dorothy Hodgkin, Hedy Lamarr, Emilie du Châtelet, Grace Hopper, Marie-Ann Paulze Lavoisier, Inge Lehmann, Hypatia de Alejandría, Teano o María Agnesi, por citar algunos ejemplos de muchas, muchas científicas de cuyas vidas y trabajo no sabemos casi nada.

Estamos seguro/as de que si estos modelos se visibilizaran, las niñas y mujeres dejarían de pensar que no son útiles para la ciencia y ocuparían el espacio que les corresponde. Si muchas otras lo han conseguido, ¿por qué no todas? Para que esta situación cambie tenemos que actuar desde la base, y nos parece que la mejor forma es acercar la ciencia a las niñas y los niños.

Por supuesto que, además, hay mucho que hacer en cuanto a la conciliación en este sector, pero en este sentido la ciencia es muy similar al resto de sectores (las mujeres suelen ser las responsables de cuidar de los hijos y familiares – reduciendo mucho las horas posibles que pueden dedicar a su promoción laboral) pero es muy posible que cuantas más sean, más fácil será romper el techo de cristal y hacerlas visibles.

Contratos dignos y adecuados para la ciencia española

En relación al cambio en las condiciones contractuales de los investigadores predoctorales españoles, sobre la que ya hemos dado noticia nosotros y numerosos colectivos y medios, saludamos el reciente pronunciamiento de la CRUE y de los ministerios implicados, con una promesa por parte de estos últimos de deshacer los cambios y volver a la codificación original. Nos felicitamos por esta decisión y  también por el llamamiento a la convocatoria de una “Comisión mixta” integrada por representantes de las Universidades, de los OPIs, de los investigadores, de los agentes sociales y los ministerios implicados. Creemos que la creación de una mesa de este tipo “para diseñar las mejores condiciones para el desarrollo de la carrera investigadora” (sic) ha sido largamente reivindicada por los investigadores y sigue siendo muy necesaria. Sin embargo, nos gustaría hacer ciertas consideraciones a raíz de lo ocurrido y de nuevos hechos que venimos constatando:

La salida a la luz de este cambio no consensuado y poco claro en la codificación de los contratos predoctorales, nos ha llevado al escrutinio de los contratos de otros investigadores en los organismos públicos de investigación, en especial las Universidades. Hemos podido constatar que el modelo contractual de la seguridad social 420 (contrato en prácticas a tiempo completo) es usado por muchas universidades, al menos desde 2015, no solamente para los investigadores predoctorales, sino para una gran mayoría de investigadores contratados bajo varias figuras de contratos obtenidos por concurrencia competitiva (Juan de la Cierva, Ramón y Cajal, Contratos de acceso al sistema de investigación, programa Andaluz Talentia y Talent Hub, al menos). En estos contratos o vida laboral de estos investigadores no aparece subcódigo especial alguno. Este hecho ha sido denunciado además por el sindicato CCOO.

A la luz de este dato, nos resulta poco creíble que el cambio de 401 (Obra y servicio) a 420 (en prácticas), se haya producido por adecuar los nuevos contratos predoctorales a los que hace referencia la Ley de la Ciencia, Tecnología e Innovación (14/2011) a una figura ya existente. Parece obvio que la figura existente más adecuada para un Ramón y Cajal, Juan de la Cierva u otras figuras semejantes sería la de Obra y Servicio. Máxime cuando se trata de doctores, que, evidentemente, no están en formación. La consideración de estos investigadores como “en prácticas” no se sostiene. Nos preguntamos cuál ha sido la razón real de este arreglo chapucero “a la baja”.

Nos parece muy grave que precisamente los investigadores que han obtenido un contrato competitivo de los tantas veces llamados “de excelencia” (becas FPI, FPU, Juan de la Cierva, Ramón y Cajal, etc.) se vean abocados a esta consideración por parte de las instituciones empleadoras. Hemos comprobado que los contratos con cargo a proyecto suelen llevar el código 401 de “Obra y Servicio”, mientras que investigadores que han obtenido un Ramón y Cajal en la Universidad, después de un doctorado y una estancia postdoctoral en el extranjero prolongada, que gestionan proyectos y dirigen tesis doctorales, son asimilados a trabajadores en prácticas (código 420). Nos parece obsceno a todas luces. Sean las repercusiones laborales las que sean, esto refleja, una vez más, la desidia y el desprecio de las instituciones ante la carrera investigadora en España.

Por todo ello pedimos que los OPIs, las Universidades y los ministerios implicados dejen de pasarse la pelota, rectifiquen este desaguisado y tomen en serio a los investigadores, profesionales que son el motor de la I+D+i en España, estableciendo tipologías de contrato adecuadas al desempeño real de sus funciones. Esperamos que los últimos comunicados aparecidos al respecto y la intención de impulsar la mencionada comisión mixta sirva para conseguir a la larga la investigación de calidad que todos queremos.

Sin Ciencia No Hay Futuro

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Resumen de la reunión de CCF y FJI con la Secretaria de Estado de I+D+i

En relación con la noticia sobre el cambio de codificación los contratos predoctorales, que se estima que puede afectar a unos 10.000 investigadores, representantes de FJI/Precarios y de Ciencia Con Futuro se reunieron el pasado miércoles 22 de febrero con la Secretaria de Estado de Investigación, Desarrollo e Innovación, Carmen Vela, y con la directora de la Agencia Estatal de Investigación, Marina Villegas. La polémica medida, surgida a partir de una consulta de Crue Universidades Españolas a la Seguridad Social, ha supuesto la conversión de contratos predoctorales, firmados como contratos por obra o servicio, a contratos en prácticas. Esta modificación se ha producido además con efecto retroactivo y sin informar a los afectados.

La Secretaria de Estado se comprometió a consultar con el Ministerio de Empleo y Seguridad Social las condiciones específicas de cada tipo de contrato así como los motivos que impulsaron estos cambios. Su intención es comprobar si la codificación actual (420) supone o no una pérdida de los derechos laborales con respecto a la 401 y que ambos se ajustan a los acuerdos alcanzados en la Ley de la Ciencia de 2011. Durante la reunión también indicaron que la tarjeta sanitaria europea únicamente se concede a los trabajadores con contratos indefinidos o contratos temporales con una duración superior a dos años, por lo que han señalado que ese problema nada tiene que ver con el cambio de codificación.

Desde FJI/Precarios y Ciencia con Futuro agradecemos que se haya producido la reunión y esperamos que se logre encontrar una solución a esta problemática que no pase por la pérdida de derechos de los jóvenes investigadores. Para ello, desde FJI/Precarios y Ciencia con Futuro proponemos una reunión con los grupos de afectados y las diversas plataformas y organizaciones en defensa de los derechos de los investigadores donde se estudie esta problemática a fondo y se alcance una acuerdo sobre los próximos pasos a seguir.

Mientras tanto, manifestamos nuestro apoyo a los afectados y afectadas, y nos ponemos a su disposición para colaborar y avanzar en la resolución del problema.

Comunicado de CCF y FJI en relación con el cambio en las condiciones contractuales de los investigadores predoctorales españoles.

Comunicado de Ciencia Con Futuro y Federación de Jóvenes Investigadores / Precarios en relación con el cambio en las condiciones contractuales de los investigadores predoctorales españoles.

En los últimos días hemos sido testigos de cómo la Seguridad Social modificó, sin explicaciones previas y con carácter retroactivo, los contratos predoctorales firmados desde 2014, pasando de contratos por obra y servicio, a contratos en prácticas. Se calcula que pueden estar afectados unos 10.000 investigadores.

Aunque fuentes gubernamentales aseguran que estos cambios sólo tienen carácter administrativo, sin afectar a la cotización, subsidio, indemnización por despido, etc., sindicatos, abogados y otras fuentes consultadas aseguran todo lo contrario: el cambio tiene profundas implicaciones para el futuro laboral de los afectados.

Todo cambio en las condiciones de contratación efectuado de manera unilateral y sin el conocimiento y aceptación de ambas partes es ilegal, por tanto, exigimos su inmediata rectificación. Así mismo, estimamos necesaria la comparecencia del Sr. Ministro de Economía, Industria y Competitividad en Sede Parlamentaria para dar las explicaciones pertinentes.

Esta medida afecta al eslabón más débil del sistema de I+D+i español, los investigadores en sus etapas iniciales. Una muestra más del ninguneo y desprecio por parte del gobierno. En este contexto no podemos quedarnos más con los brazos cruzados: es necesaria una respuesta conjunta y contundente que asegure un futuro para la ciencia en este país.

Por ello, animamos a todos los grupos políticos, organizaciones sindicales, movimientos sociales, al sector científico y a la sociedad en general a apoyar esta lucha.

Como primera medida prestaremos todo nuestro apoyo a los afectados, ayudándolos a coordinarse y a emprender todas las acciones que consideren oportunas, incluidas acciones legales.

Asimismo, en vista de la situación, también animamos al personal investigador y técnico de universidades y OPIs de toda categoría y situación laboral a organizarse, mediante sindicación, estableciendo secciones sindicales en los centros o con alguna otra medida. Trabajadoras y trabajadores informados de sus derechos y condiciones laborales se traducen en profesionales mucho más difíciles de engañar y, en conjunto, una fuerza mucho menos débil que cada cual por separado.

Sin Ciencia no hay bienestar, sin Ciencia no hay recuperación, sin Ciencia no hay Futuro.

Se adhieren:
Ciencia para el pueblo
Sección sindical ESK – CICbioGUNE
Alternativa Socialista (CLI-AS)

Edit (22 de febrero de 2017): El grupo parlamentario Unidos Podemos-En Comú Podem-En Marea ha manifestado su adhesión a este comunicado.

Mucho esfuerzo para poca recompensa

El pasado día 4 de noviembre de 2016, Nature publicó en su sección de noticias una encuesta sobre algunos de los desafíos a los que se enfrenta la ciencia. Dicha encuesta fue realizada entre los lectores de la revista, consiguiendo casi 13000 respuestas. Los resultados más llamativos fueron que casi dos tercios de los lectores habían considerado dejar la ciencia en algún momento y que un 40% de ellos trabajaban más de 60 horas a la semana. Además, para un 44% de las personas que respondieron, la lucha por la financiación es el desafío más importante.

En Ciencia Con Futuro nos hicimos eco de la encuesta de Nature, pero además pusimos en contacto con la revista para sondear la posibilidad de conocer los datos correspondientes a España. Desafortunadamente, desde Nature nos comunicaron que no tenían los datos desagregados por países. En consecuencia, en Ciencia Con Futuro decidimos lanzar nuestra propia encuesta, ya que consideramos que, dadas las circunstancias del sistema científico español, los datos referentes a nuestro país podrían ser más llamativos si cabe.

La encuesta se realizó empleando la aplicación de formularios de Google y se difundió a través de una entrada en el blog de Ciencia Con Futuro, así como de nuestras cuentas en Twitter, Facebook y Whatsapp, estando disponible online desde el 11 hasta el 30 de noviembre. Además de las preguntas que se publicaron en Nature, nosotros incluimos algunas más para poder extraer resultados más concluyentes:

1. Centro

2. Edad

3. Centro de trabajo

4. ¿Cuántas horas a la semana trabajas de media?

5. ¿Cuál crees que es el mayor desafío para los jóvenes científicos?

6. ¿Los desafíos de la investigación alguna vez han significado que hayas…?

7. ¿Te sientes desprotegido/a como trabajador/a por el sistema científico?

A la encuesta respondieron 1429 personas, de las que el 51,1% eran mujeres y el 48,9% eran hombres. De ellos, casi la mitad (48%) manifestaban trabajar en la universidad, un 45% en los OPIs (incluido el CSIC) y el resto (7%) en el sector privado. Puedes ver los resultados completos de la encuesta en este documento (pdf), pero aquí te mostramos los más relevantes:

1. Un 59% de los encuestados afirmó que el desafío más importante al que se enfrenta la Ciencia en España es la lucha por la búsqueda de financiación.

2. Entre los menores de 25 años, eran el 80% los que incluían este desafío.

3. 7 de cada 10 científicos encuestados han considerado en alguna ocasión abandonar la ciencia.

4. En la franja de edad entre 25 y 35 años, son 8 de cada 10 los científicos que han pensado en dejar su profesión alguna vez.

5. Un 74% de los encuestados afirmaba sentirse desprotegido por el sistema científico español siempre o casi siempre.

6. Esta cifra se elevaba al 84% entre las mujeres de 30 a 35 años.

En estas condiciones, no es de extrañar la desesperación que se extiende entre los investigadores españoles, muchos de los cuales han tenido que optar por emigrar para encontrar oportunidades más allá de nuestras fronteras, donde la lucha se centre en la consecución de objetivos y desafíos científicos y no en superar las barreras que el sistema coloca a cada paso.

A la luz de estos resultados, los responsables políticos deberían tomar cartas en el asunto con la mayor urgencia, aunque nos tememos que las consecuencias de años de desinterés y desprecio sean ya irreversibles.

Bomberos sin mangueras en pro de la competitividad

Como mucha gente, soy un gran aficionado a la serie de televisión The Big Bang Theory, hasta el punto de que desde hace años casi todas las noches veo un capítulo antes de acostarme. Ayer vi por cuarta o quinta vez el capítulo 15 de la cuarta temporada. En dicho capítulo, el Dr. Leonard Hofstadter, físico experimental, se prostituye literalmente con una anciana millonaria para conseguir fondos para Caltech (Instituto de Tecnología de California), la universidad donde trabaja. Aunque Leonard insiste en que no se acostó con la anciana por el dinero, en Caltech, el rector Siebert y sus compañeros lo aplauden y lo felicitan como a un héroe.

Es evidente que el mencionado capítulo es una exageración que parodia el sistema de financiación de la ciencia, pero que trasluce un problema a nivel global. No conozco casos en que científicos hayan vendido su cuerpo a cambio de financiación para sus proyectos, pero sí es muy habitual encontrar científicos que venden su intelecto a las empresas que los financian. Entonces surge el conflicto de intereses, que redunda en el descrédito de la ciencia.

Competitividad

Esta situación deriva de que el sistema de financiación de la ciencia se basa en los principios y valores de la competitividad. Es decir, se presupone que solamente deben recibir financiación aquellos grupos y proyectos de investigación que sean más competitivos. Y esto no se aplica solo a la financiación privada, sino también a la pública, donde la competición en muchas ocasiones es mucho más dura. Dicho de otro modo, los investigadores tenemos que convencer a las empresas y entidades privadas, pero también a los organismos públicos financiadores, no solo de que nuestras investigaciones pueden serles útiles, sino de que lo serán más que las del investigador de la competencia.

Sin embargo, si la ciencia tiene como objeto el desarrollo humano, la competitividad no solo no supone un incentivo, sino que lo ralentiza. ¿No es evidente que dos grupos de investigación avanzarán más rápido en desentrañar las complejas marañas del conocimiento si cooperan y colaboran que si compiten entre sí por la financiación? Pues para la mayor parte de los organismos públicos de financiación no lo es, ya que promueven la competitividad por encima de la cooperación.

Algo que la mayoría de las personas no sabe es que los organismos públicos de investigación españoles limitan su apoyo a las investigaciones que se llevan a cabo en sus centros a facilitar las instalaciones y proporcionar a los investigadores suministros básicos como luz y agua. Los institutos proveen muy poco más, aparte de una serie de equipamientos comunes que, generalmente, se ha adquirido también gracias al esfuerzo (“cofinanciación”) de los propios investigadores a través de convocatorias públicas a las que concurren. Por poner un ejemplo, en mi centro del CSIC se estima que el organismo solo proporciona el 2 % de todos los ingresos anuales. El resto se obtienen de financiación pública (UE, nacional o autonómica, 68 %) o privada (30 %).

Los centros, en muchas ocasiones, no proporcionan a los investigadores ni siquiera las batas y guantes para trabajar en el laboratorio, ni ordenadores o impresoras para trabajar en los despachos. Esos materiales, además de todos los demás que son necesarios para llevar a cabo los trabajos experimentales, deben ser adquiridos por los investigadores a través de fuentes privadas o públicas en concurrencia competitiva.

Se me ocurre un ejemplo para ilustrar el absurdo de la situación. ¿Qué pensaríamos si los bomberos tuvieran que competir entre ellos para conseguir ingresos para la adquisición de bombas, mangueras, cascos, escaleras, etc. y que solo se financiara a los “mejores” (sobre los criterios para elegir a los mejores hablamos otro día)? Tendríamos bomberos de primer nivel, bien equipados, y bomberos mal equipados, que tendrían que apagar fuegos con las manos. Siguiendo con el símil, se les proporcionaría agua, pero no mangueras, cubos o baldes para transportarla. ¿De verdad alguien puede creer que este sistema absurdo para los bomberos es válido para la ciencia? ¿No se avanzaría más rápido y mejor si todos los investigadores estuvieran bien equipados?

En ocasiones se ensalzan los valores de la competitividad con el argumento de que estimulan la iniciativa y la innovación, aunque no se suelen aportar pruebas científicas que sustenten las afirmaciones. En cambio, hay cada vez más científicos que dudamos de que el sistema de competición realmente permita el avance. Algunos sostienen que el “café para todos” puede ser más beneficioso para el avance científico que restringir la financiación para unos pocos. Otros han llegado a sugerir que, a partir de un nivel mínimo de calidad, y dado que la financiación disponible con fondos públicos es muy limitada, debería distribuirse de forma aleatoria entre todos los investigadores solicitantes.

Ante la escasa financiación pública, se argumenta también que los científicos debemos llamar a las puertas de las empresas y buscar financiación allí. El recurso a la financiación privada puede ser útil y necesario en ocasiones, pero en otras las consecuencias de sufragar nuestras investigaciones con fondos privados pueden generar conflictos de intereses de consecuencias catastróficas para la ciencia y la sociedad. Pero es más, al contrario que en otros países, en España el sector privado tiene muy poco interés en financiar investigaciones científicas. Aunque los motivos son objeto de debate y pueden ser muy diversos, incluso economistas ultraliberales como Juan Ramón Rallo, no pueden dejar de admitir que en este país, las empresas invierten muy poco en I+D+i. Según datos de CCOO, en términos de %PIB, la contribución de las empresas españolas a la I+D+i es negativa. O dicho de otra manera, de forma global, las empresas reciben financiación pública para fines que no son la I+D+i.

Gasto en I+D+i de las empresas españolas. Datos CCOO 2013.

Gasto en I+D+i de las empresas españolas. Datos CCOO 2013.

La cultura del esfuerzo

En este escenario, a los investigadores españoles se nos pide que seamos más competitivos, hasta el punto de que la I+D+i se encaja en un Ministerio de Competitividad, aunque para ello, como estamos viendo, no se nos proporcionen ni las herramientas más básicas. Y, a pesar de ello, con lo poco que tenemos, conseguimos resultados muy relevantes y somos capaces de despuntar a escala mundial en casi todas las áreas. En el año 2011, España era la décima potencia mundial en publicaciones científicas, aunque mantenía un gran déficit en patentes (fundamentalmente por el desinterés del sector privado).

El 'ranking' realizado por Digital Science / Scientific American

El ‘ranking’ realizado por Digital Science / Scientific American

Lamentablemente, la falta de financiación se está cebando con la ciencia española. En el año 2015 se produjo una reducción en el número total de artículos publicados en el sistema científico español y 2016 va camino de ser peor aún.

Evolución del número de publicaciones en el sistema español de I+D+i (2011-2016). Fuente: Scopus. Elaboración propia.

Evolución del número de publicaciones en el sistema español de I+D+i (2011-2016). Fuente: Scopus. Elaboración propia.

¿Significa eso que no nos estamos esforzando? No. Significa que cada vez somos menos científicos y las universidades y centros de investigación se están vaciando. Con menos recursos materiales y humanos para trabajar somos capaces de producir menos, como es de esperar.

¿Cuál es la solución que se nos propone ante la falta de financiación y de personal? La receta de siempre: que nos esforcemos más para ser más competitivos. Lo irónico es que muchas veces los mismos que proponen esas recetas no son precisamente los más competitivos. Recientemente tuvo lugar en mi centro una reunión de todo el personal científico para valorar la situación económica y las consecuencias que estaba teniendo en la falta de personal y en la producción de resultados científicos. En un momento de la reunión, jóvenes (en España eso significa casi 40 años de edad) compañeros con contratos Ramón y Cajal solicitaron que la dirección del centro exigiera al CSIC que se proporcionaran más plazas de científico titular (funcionarios públicos), que es prácticamente la única forma de estabilización posible. La respuesta fue que no había esa posibilidad porque es el CSIC el que decide el número de plazas que se asignan por centro. Otros compañeros senior sugirieron a los jóvenes que se esforzaran más, que trabajaran más duro y publicaran más, para ser más competitivos. Sin embargo, estos investigadores senior con grupos de investigación consolidados desde hace muchos años, no son más competitivos, ya que mantienen tasas anuales de productividad similares o inferiores a algunos de estos jóvenes. Por otra parte, se nos reclama constantemente esfuerzo cuando vemos que, a la hora de la verdad, los contactos y amiguismos son los determinantes para obtener una plaza estable en un sistema marcadamente endogámico.

Y es que la productividad no depende tanto del esfuerzo que hagamos los investigadores, sino de los recursos que se nos proporcionen para hacerlo. Soy consciente de que hay investigadores que han desistido y han dejado de ser competitivos. Muchas veces se les critica por ello, sin tener en cuenta su trayectoria y el esfuerzo realizado hasta el momento. Hace unas semanas la prestigiosa revista Nature, publicó en su sección de noticias los resultados de una encuesta sobre los desafíos de la ciencia. Uno de los datos más llamativos es que casi 2 de cada 3 científicos se habían planteado dejar la ciencia en algún momento. ¿Es de extrañar, dadas esas proporciones de frustración, que haya investigadores que decidan rendirse? Lamentablemente, Nature no dispone de datos específicos sobre España, por lo que desde Ciencia Con Futuro estamos realizando otra encuesta para obtenerlos. Veremos los resultados.

Y, como digo, a pesar de todo, en España somos muy productivos. Extremadamente, si medimos la productividad como resultados (artículo, tesis, libros, etc.) por euro dedicado. No conozco si existen estos datos, pero baste un ejemplo. En el año 2010 invité a un investigador canadiense a participar en un proyecto de investigación que yo lideraba. Cuando me envió su CV para incorporarlo a la solicitud me llamó la atención que teníamos carreras paralelas. No solo teníamos la misma edad, sino que habíamos terminado la universidad el mismo año, la tesis doctoral con un año de diferencia, los dos hicimos estancias postdoctorales de algo menos de dos años de duración y habíamos conseguido nuestras plazas indefinidas casi el mismo año. Las similitudes no terminaban ahí: también habíamos publicado un número muy similar de artículos y capítulos de libros. Pero había una diferencia entre ambos: mientras que él había gestionado aproximadamente dos millones de dólares en proyectos de investigación, yo solo había gestionado 30000 euros. Creo que no es necesario explicar nada más: mientras sigamos en la precariedad de recursos, a mí que no me hablen más de la cultura del esfuerzo y de los valores de la competitividad.

Javier Sánchez Perona (@Er_Pashi)

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