El 2018 en clave 11F, la revolución feminista en la ciencia

El 11 de Febrero es el día Internacional de la Mujer y la Niña en Ciencia. Este día tiene una triple misión:

1) Visibilizar la labor de las mujeres en ciencia (pasado y presente),

2) Inspirar vocaciones científicas en las niñas, y

3) Poner de manifiesto las barreras para el pleno disfrute y acceso de las mujeres a la carrera científica.

Siempre es importante empezar un post sobre el 11F con los datos sobre la mesa. No existe paridad en ciencia en Europa, y esto incluye España. Según el informe de la Comisión Europea She Figures 2015, en la mayor parte de los países europeos las mujeres representan menos del 45% de la comunidad científica e ingenieril. En España las mujeres sólo representan un 39,1% del total del personal investigador (datos del 2016 del gobierno). Peor aún, es cuando nos fijamos en quién toma las decisiones, ya que las mujeres continúan estando infra-representadas en los altos cargos académicos, de gestión y gobernanza en ciencia (Figura 1).

Figura 1. Proporción de mujeres miembros de paneles científicos y administrativos en investigación y desarrollo en diferentes países de la UE 2014. Fuente: Women in Science database, DG Research and Inovation.

Según informe de la Comisión de Mujer y Ciencia del CSIC del 2018, el organismo califica de preocupante la situación de las mujeres. A pesar de que el 50% de las tesis doctorales son de mujeres, solo un 38,3% llega a científicas titulares, y 29.9% a la máxima categoría de profesor de investigación. En las Universidades la situación no es muy diferente, las mujeres ostentan el 21,6% de las cátedras frente al 78,4% de los hombres (MECD, 2016).
Frente a estas cifras se han lanzado en los últimos años diversas iniciativas por parte de asociaciones científicas y feministas, para visibilizar y empoderar el papel de la mujer en la ciencia, e inspirar a las niñas a las carreras de Ciencias, Tecnológicas, Ingenieriles y Matemáticas, como la que organiza la plataforma del “11 de Febrero”, las que viene realizando la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT), o eventos puntuales como el Women Talent, Inspiring girls, 500 Women Scientists y muchas otras.

Los Organismos e Instituciones Públicos de Investigación también se han sumado  a estas campañas de visibilización con iniciativas como #EllasSonCSIC #CSICCreceConVosotras, y en el caso del propio Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades organizando una jornada de celebración del 11F en la sede ministerial.

Pero no dejan de llover las críticas y se respira cierto escepticismo. Las campañas de visibilización y de empoderamiento están muy bien, pero sin un cambio en las estructuras, de poco sirve inspirar nuevas generaciones de científicas ya que se las está abocando a la temporalidad, la falta de conciliación familiar en la ciencia, y a un ambiente de trabajo donde aún existe discriminación por razón de sexo y género. Cierto es que es parte de la función de las instituciones visibilizar a sus investigadoras. Pero resulta de cierta hipocresía que al mismo tiempo esta visibilización no vaya acompañada de medidas valientes que promuevan un cambio en los órganos de gobierno y sus estructuras, anticuadas y patriarcales, en parte motores de la desigualdad y discriminación de la mujer en la ciencia en España.

Así que no es objeto de este post incidir más en las cifras y reiterar la situación de desigualdad de la mujer en la ciencia, que viene siendo crónica e invariable desde hace años. Nos vamos a centrar en lo ocurrido en este 2018, “el año de las mujeres” en España, y en esas medidas valientes que tanta falta hacen. Repasemos cuáles han sido los acontecimientos:

En plena vorágine del #MeToo, el 8M del 2018 fue el año de la primera huelga feminista de España. Millones de voces gritaron en la calle a favor de la igualdad.

Este mismo año, con la llegada del nuevo Gobierno, el 1 de Junio del 2018 se recupera la Secretaría de Estado de Igualdad, dependiente del Ministerio de la Presidencia con Soledad Murillo de la Vega a la cabeza. De las 17 carteras del nuevo Gobierno de España, 11 están en manos de mujeres. Por otro lado también se recupera el Ministerio de Ciencia e Innovación e Universidades, desaparecido desde la legislatura de Zapatero.

En este contexto de cambio y revolución feminista  institucional, un hito de este año en el gobierno ha sido el nacimiento, el 23 de noviembre de 2018, del Observatorio Mujeres, Ciencia e Innovación, formado por 9 ministerios, y que tiene como misión promover la igualdad en I+D+i. El Observatorio presidido por Ángeles Heras se anuncia a bombo y platillo que “será decisivo para combatir cualquier discriminación por razón de sexo, garantizar la igualdad de oportunidades y aumentar la presencia de las mujeres en todos los ámbitos de la vida científica y universitaria.”. Tiene dos ejes de actuación principales: En primer lugar plantea abordar la desigualdad en el acceso y el mayor abandono de las mujeres de la carrera científica. En segundo lugar se compromete a un mayor seguimiento para la prevención y lucha contra el acoso laboral y sexual en las Administraciones públicas de ciencia. Estos ejes de actuación no son nuevos, los cubría hasta ahora la Unidad de Mujer y Ciencia y la Unidad de Igualdad.

Tras este primer anuncio, el 10 de Enero del 2019 arranca el observatorio con una hoja de ruta ambiciosa, que se aleja un poco de las promesas vacías a la que estábamos acostumbrados en este último año.

Las medidas propuestas en el plan de trabajo incluyen:

  • Actualizar las normativas y convocatorias de los OPI y universidades, para garantizar la igualdad de género en la selección, contratación y promoción de personal investigador; y en la composición de los tribunales de las plazas. Dicho de otro modo que los tribunales y comités de selección tengan en cuenta el género cuando haya «igualdad de currículo».
  • Mejorar los criterios de la composición de las comisiones de evaluación de ayudas a la I+D+i para evitar sesgos de género en la concesión.
  • Promover la igualdad de género en equipos e instituciones, aplicando perspectiva y criterios de género en la formación del personal investigador y en la evaluación de su rendimiento científico.
  • Conciliación entre la vida laboral y profesional.
  • Elaboración de nuevos protocolos para la prevención y protección frente al acoso sexual y el acoso sexista en universidades y OPIs.

Y ahora es cuando viene la pregunta: ¿Cómo van a implementar estas medidas?. No sabríamos decirlo. De hecho desde Ciencia Con Futuro valoramos en su momento con cierto escepticismo e incredulidad el plan. No por su contenido, que consideramos un avance, sino porque que se trata el Observatorio de un nuevo órgano a cuyo funcionamiento y gestión se le asignado un presupuesto cero. Dicho de otro modo la creación del observatorio no inyectará más dinero para luchar por la igualdad, sino que plantea  una mejora de la eficiencia mediante la coordinación integrada de departamentos que hasta ahora actuaban de manera “dispersa”: la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología (FECYT), Unidad de Mujer y Ciencia y la Unidad de Igualdad.

A pasado sólo un año desde su creación, y pocos meses desde esta primera reunión, y por tanto puede ser pronto para pedir resultados, pero nos preocupa sobretodo la falta de un análisis que demuestre con números que una mejor eficiencia vaya a repercutir en más recursos y/o se materialice en cambios. Además el texto es ambiguo en cómo se van a abordar temas estructurales clave para la igualdad, como la conciliación y el acoso sexual.  Algunas de las medidas que debería contemplar el texto sería una mejora en las prestaciones y servicios de maternidad en los centros de investigación y universidades (guarderías, extensión del periodo de baja y bajas mejor remuneradas). O bien siguiendo el modelo de países nórdicos como Dinamarca y Finlandia, apostar por la equiparación y obligatoriedad de los permisos de maternidad y paternidad. Pero estas medidas valientes requieren de reformas estructurales y voluntad política y no se consiguen a coste cero. Un ejemplo de la necesidad imperiosa de un cambio en las políticas de conciliación en ciencia ha sido la iniciativa #oCientificaoMadre liderada por María de la Fuente que se inició con una campaña de firmas y de presión política con el objetivo de conseguir que las mujeres investigadoras no sean penalizadas por ser madres. El Gobierno, y más específicamente la nueva dirección del Instituto de Salud Carlos III, se mostró receptivo y empático, aplaudió la iniciativa. Pero tras la marea mediática, la calma, sin cambios.

Podríamos decir que la medida más significativa este año en materia de conciliación ha sido el acuerdo entre Gobierno y socios de un calendario para la ampliación del permiso de paternidad de 5 a 8 semanas en el 2019, y la propuesta de equiparar los permisos de maternidad y paternidad, pero sin obligatoriedad. La reforma, como tantas otras anunciadas por el Ministerio de Ciencia, está supeditada a que se aprueben los presupuestos generales.

Tampoco hemos visto a día de hoy un borrador de los nuevos protocolos de prevención y protección contra el acoso. Esto es a pesar que la situación en algunas Universidades, como la ocurrida en la Universidad de Sevilla, ha llegado a los diarios. Un claro y flagrante ejemplo de cómo las estructuras y el propio personal protege a los acosadores frente a las víctimas, y de la necesidad imperiosa de revisar y aunar esfuerzos en un protocolo común de tolerancia cero frente al acoso sexual en ciencia.

Fijémonos ahora ¿qué ha hecho el CSIC con Rosa Menéndez a la cabeza en “el año de la mujer”? Recordemos que Rosa Menéndez es, desde noviembre del 2017, la primera mujer presidenta del mayor organismo público de investigación de España. Desde su nombramiento se han emprendido algunas medidas en materia de igualdad, pero en nuestra opinión insuficientes, sobre todo en el fondo, y de poco impacto.

Como dice el propio CSIC “Las iniciativas del CSIC para aumentar la visibilidad de la mujer científica son muy variadas.” Lamentablemente, poco más a parte de una buena campaña de visibilización  se está llevando a cabo desde la institución.

¿Y las Universidades? En noviembre de este año las 7 únicas rectoras de Universidades en España se aliaban para denunciar en un informe dirigido a la CRUE la brecha de género en la Universidad reclamando discriminación positiva, cursos de gestión para mujeres y perspectiva de igualdad en las asignaturas. La rectora Maria Antonia Peña mencionaba “Estamos preparando un plan de investigación que incentiva a las investigadoras, pero me imagino ya quien estará reparando las alegaciones para tumbarlo«.

Más allá de las campañas del 11 de Febrero, y la enorme labor de las asociaciones que trabajan para visibilizar las cifras y las problemáticas que subyacen, en este post hemos querido hilar más fino y analizar cuál ha sido el progreso real en materia de igualdad en este 2018. Podríamos resumir que aparte del empuje del movimiento feminista y el calado que ha tenido en la sociedad científica, de visibilización y concienciación, poco se ha avanzado desde la parte de las instituciones. Lo más que ha generado el 2018 “año de las mujeres” en el gobierno, los OPI y las Universidades, es un aluvión de promesas, a cada cuál mayor, pero esperemos que no sea tan solo para colgarse una la medalla en su apuesta por la igualdad. ¿Cómo se van a concretar las medidas propuestas, con qué presupuesto, y cuándo lo harán? Son preguntas que nos hacemos y esperamos que el Gobierno y el Ministerio de Ciencia no continuen con su política de #MásTitularesQueEuros también en materia de igualdad.

Sirva este post para recordarle al señor ministro y la secretaria de estado su compromiso con la Mujer en la Ciencia. Como siempre desde Ciencia Con Futuro estaremos vigilantes, porque sin Ciencia y sin Mujeres no hay Futuro.

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